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Mostrando las entradas de enero, 2023

Seguir aun agotado

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Isaías 40:28-31 … correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán (v. 31). «Creo que ya no puedo seguir en esto», dijo entre lágrimas mi amiga ante la abrumadora sensación de desesperanza que enfrentaba como enfermera en una crisis sanitaria global. Confesó: «Sé que Dios me ha llamado a ser enfermera, pero estoy emocionalmente exhausta». Al ver su agotamiento, respondí: «Sé que estás desesperada, pero pídele a Dios que te dé fortaleza para perseverar». Entonces, decidió orar a Dios sobre este tema específicamente; y poco después, un renovado sentido de propósito la fortaleció. No solo siguió como enfermera, sino que Dios también le dio fuerzas para ayudar a más personas en otros hospitales del país. Como creyentes en Jesús, siempre podemos acudir a Dios por ayuda y aliento cuando nos sentimos abrumados, porque Él «no desfallece, ni se fatiga con cansancio» (Isaías 40:28). El profeta Isaías declara que nuestro Padre celestial «da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al...

El saco rosa

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2 Corintios 9:6-9 Cada uno dé como propuso en su corazón: […] porque Dios ama al dador alegre v. 7. Brenda iba caminando hacia la salida del centro de compras cuando un destello rosa en una vidriera la atrajo. Se detuvo y quedó sin habla ante un «colorido saco acolchado rosa». ¡A Julia le va a encantar! Su amiga y compañera de trabajo, y madre soltera, había tenido problemas financieros, y aunque Brenda sabía que Julia necesitaba un saco abrigado, estaba segura de que ella nunca gastaría dinero en comprarse algo así. Después de vacilar un poco, Brenda sonrió, tomó su billetera e hizo enviar el saco a la casa de Julia con una tarjeta anónima: «Con mucho amor». Y luego salió casi bailando hasta su auto. La alegría es un resultado de la acción de dar motivada por Dios. Pablo instruyó a los corintios en el arte de la generosidad, diciendo: «Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre» 2 Corintios 9:7 . Y también resaltó: «el qu...

No es una pérdida

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Mateo 13:44-46 … el reino de los cielos es semejante a un tesoro… (v. 44). Mi amigo Ruel asistió a una reunión de exalumnos de la secundaria en la casa de un compañero. La mansión frente al mar, cerca de la Bahía de Manila, tenía lugar para 200 personas, e hizo que Ruel se sintiera insignificante. «Había sido muy feliz pastoreando iglesias rurales remotas —me dijo Ruel—, y aunque sé que no debería haber sucedido, no pude evitar envidiar la riqueza material de mi compañero. Pensaba en lo diferente que podría haber sido mi vida si hubiese usado mi profesión para convertirme en empresario». Luego, con un rostro sonriente y lleno de paz, agregó: «Pero entonces recordé que no hay nada que envidiar. Invertí mi vida en servir a Dios, y los resultados serán eternos». La paz de Ruel reflejaba la parábola de Jesús en Mateo 13:44-46. Sabía que el reino de Dios es el tesoro supremo. Para algunos, esto podría significar un ministerio a tiempo completo; mientras que para otros, podría ser vivir el e...

Perdido, hallado… goz

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Lucas 15:1-10 … Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido (v. 6). Durante una caminata por la playa con mi esposa Cari, nos pusimos a conversar con un anciano que estaba usando un detector de metales cerca de la orilla del mar. «A veces, los anillos tienen nombres —explicó—, y me encanta ver la cara de los dueños cuando se los devuelvo. Lo publico en línea y me fijo si alguien contactó a objetos perdidos». Cuando mencionamos que a mí también me gusta detectar metales, pero que no lo hago con frecuencia, se despidió diciendo: «¡Nunca lo experimentarás a menos que vayas!». En Lucas 15, encontramos otra clase de «búsqueda y rescate». A Jesús lo criticaban por su interés en personas alejadas de Dios (vv. 1-2). Él respondió con tres historias sobre cosas perdidas que fueron halladas: una oveja, una moneda y un hijo. El que encuentra la oveja «la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo» (vv. 5-6). T...

Problema del corazón

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Ezequiel 14:1-8 Así dice Dios el Señor: Convertíos, y volveos de vuestros ídolos, y apartad vuestro rostro de todas vuestras abominaciones (v. 6). «Mire, hermano Tim». Mi amigo, pastor en Ghana, iluminó un objeto tallado recostado en una choza de barro. Dijo en voz baja: «Este es el ídolo de la aldea». Todos los martes, el pastor Sam atravesaba el monte para compartir de la Biblia en esa remota aldea. En el libro de Ezequiel, vemos cómo la idolatría había plagado Judá. Cuando los líderes de Jerusalén fueron a ver al profeta, Dios le dijo: «estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón» (14:3). No solo les advertía sobre los ídolos tallados en madera y piedra, sino que les mostró que la idolatría es un problema del corazón. Todos luchamos con esto. Alistair Begg describe un ídolo como «cualquier cosa fuera de Dios que consideramos vital para nuestra paz, autoestima, satisfacción o aceptación». Aun cosas que aparentan ser nobles pueden volverse ídolos para nosotros. Al buscar consuel...

Pero yo te digo

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Mateo 5:43-48 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos… (v. 44). «Sé lo que dicen. Pero yo te digo…». De niño, oí a mi madre decir esto miles de veces. El contexto era siempre la presión de los pares. Ella trataba de enseñarme que no siguiera al rebaño. Ya no soy un niño, pero la mentalidad de rebaño continúa viva y provocadora. Un ejemplo actual es esta frase: «Solo rodéate de gente positiva». Aunque esto se oiga con frecuencia, debemos preguntarnos: «¿Es esta una actitud cristiana?». «Pero yo os digo…». Jesús usa varias veces esta introducción en Mateo 5. Sabe perfectamente lo que el mundo nos dice todo el tiempo. Pero su deseo es que vivamos de forma diferente. Sobre este tema, afirma: «Amad a vuestros enemigos […] y orad por los que os […] persiguen» (v. 44). Luego, adivina para describir a quiénes el apóstol Pablo usa la misma palabra. Correcto; a nosotros: «siendo enemigos» de Dios (Romanos 5:10). Lejos de decir «haz lo que digo, no lo que hago», Jesús respaldaba sus palabras co...

Del lamento a la alabanza

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Habacuc 3:17-19 Con todo, yo me alegraré en el Señor, y me gozaré en el Dios de mi salvación (v. 18). Monica oraba fervientemente para que su hijo volviera a Dios. Lloraba por su vida disipada e incluso lo buscaba en las ciudades donde vivía. La situación parecía desesperada. Pero un día sucedió: su hijo tuvo un encuentro radical con Dios y llegó a ser uno de los más grandes teólogos de la iglesia. Lo conocemos como Agustín, obispo de Hipona. «¿Hasta cuándo, oh Señor?» (Habacuc 1:2). El profeta Habacuc se lamentaba por la inacción del pueblo de Dios ante las autoridades que pervertían la justicia (v. 4). Piensa en las veces que hemos acudido desesperados a Dios, lamentándonos por las injusticias, los diagnósticos médicos aparentemente sin remedio, las luchas financieras o los hijos que se han alejado de Dios. Cada vez que Habacuc se lamentaba, Dios oía sus clamores. Mientras esperamos con fe, podemos aprender del profeta a cambiar nuestro lamento en alabanza, porque él dijo: «Con todo,...