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Mostrando las entradas de febrero, 2023

¿Será una señal?

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  1 Samuel 24:1-7 El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón Salmo 40:8 . La oferta era buena y exactamente lo que Pedro necesitaba. Después de que lo despidieran del trabajo, este hombre que proveía para una joven familia había orado desesperadamente por un trabajo. «Sin duda, esta es la respuesta de Dios a tus oraciones», sugirieron sus amigos. Sin embargo, al leer sobre su futuro empleador, Pedro se sintió incómodo. La empresa invertía en negocios sospechosos y la habían señalado por corrupción. Al final, Pedro rechazó la oferta, aunque le costó mucho. «Creo que Dios quiere que haga lo correcto —me dijo—. Sencillamente, tengo que confiar en que Él proveerá». Pedro recordó el relato de cuando David se encontró con Saúl en una cueva. Parecía que era la oportunidad perfecta para matar al hombre que lo perseguía, pero David se resistió. «El Señor me guarde de hacer tal cosa […]; porque es el ungido del Señor», razonó (1 Samuel 24:6). David t...

Agua de vida

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Juan 4:4-14 … tú le pedirías, y él te daría agua viva (v. 10). La vida familiar de Andrea era inestable, y se marchó a los catorce años y buscó trabajo. Como anhelaba amor y afirmación, más adelante fue a vivir con un hombre que la introdujo en el mundo de las drogas, lo cual se sumó al alcohol que ya bebía. Sin embargo, la relación y las sustancias no satisfacían sus anhelos. Siguió buscando, y después de varios años, conoció a unos creyentes en Jesús que le ofrecieron orar por ella. Unos meses después, por fin encontró a Aquel que saciaría su sed de amor: Jesús. La mujer samaritana junto al pozo, a la cual Jesús se le acercó a pedirle agua, también satisfizo su sed. Estaba ahí en el calor del día (Juan 4:5-7); probablemente para evitar las miradas y el chisme de las demás mujeres que seguro sabían que había tenido varios maridos  y que se encontraba en una relación adúltera (vv. 17-18). Cuando Jesús se le acercó y le pidió de beber, fue en contra de las convenciones sociales porq...

Protege tu corazón

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Proverbios 4:20-27 Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida (v. 23) . El matemático Abraham Wald colaboró con sus habilidades a los esfuerzos de la Segunda Guerra Mundial. El ejército buscaba maneras de proteger sus aeronaves del fuego enemigo, así que les pidieron a Wald y sus colegas que resolvieran cómo hacerlo. Empezaron examinando los aviones que volvían, para ver en dónde estaba el mayor daño. Pero Wald entendió que el daño sobre esos aviones representaba solo el lugar donde podían recibir un impacto y aun así sobrevivir. Las áreas que más necesitaban protección adicional se encontrarían en los aviones que se habían estrellado, y esos no se podían examinar. Salomón nos enseña que protejamos nuestra parte más vulnerable: el corazón, porque de él mana la vida ( Proverbios 4:23 ). Las instrucciones de Dios nos guían por la vida, nos alejan de las malas decisiones y nos enseñan dónde concentrar nuestra atención. Si protegemos nuestro corazón acatando su...

El avivamiento llega

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2 Crónicas 7:11-16 Si se humillare mi pueblo, […] entonces yo oiré desde los cielos (v. 14). Aurukun es un pueblito en Australia occidental, con varios clanes aborígenes. Aunque el evangelio llegó ahí hace un siglo, el castigo de ojo por ojo a veces sigue presente. En 2015, las tensiones entre clanes crecieron, y cuando hubo un asesinato, la venganza requería que alguien de la familia del agresor muriera a cambio. Pero sucedió algo notable. El pueblo de Aurukun empezó a orar y un avivamiento comenzó a envolver al pueblo. La familia del hombre asesinado perdonó al clan ofensor. Pronto, mil personas iban a la iglesia cada domingo, ¡en un pueblo de 1.300 habitantes! En la Escritura, vemos avivamientos como este: en la época de Ezequías, cuando las multitudes volvían con gozo a Dios (2 Crónicas 30); y el día de Pentecostés, cuando miles se arrepintieron (Hechos 2:38-47). Aunque el avivamiento es obra de Dios y sucede a su tiempo, la historia muestra que la oración lo precede. «Si se humill...

El octavo miembro del jurado

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  Éxodo 23:1-9 No seguirás a los muchos para hacer mal… (v. 2). «Un hombre ha muerto. La vida de otro está en juego», dice el juez en la película Doce hombres en pugna. La evidencia contra el sospechoso parece abrumadora. Pero durante las deliberaciones, se manifiesta la ruptura del jurado. El octavo vota «inocente». Se genera un debate acalorado y salen a la luz las tendencias asesinas y prejuiciosas de todos. Uno a uno, los miembros del jurado cambian su voto a inocente. Cuando Dios dio instrucciones a la nueva nación de Israel, insistió en la valentía honesta. «[No] responderás en litigio inclinándote a los más para hacer agravios», dijo (Éxodo 23:2). Es interesante que el tribunal no debía «[discriminar] al pobre cuando [pidiera] justicia» (v. 3) ni «[pervertir] el derecho de los pobres» (v. 6, RVC). Dios, el juez justo, desea que seamos íntegros en todos nuestros actos. En Doce hombres en pugna, el segundo miembro del jurado que votó inocente dice del primero: «No es fácil pe...

Un amor que se regocija

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  Isaías 62:1-5 … como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo (v. 5). Bruno y Katia se contemplaban radiantes. Al mirar el gozo en sus rostros, jamás habrías adivinado todos los problemas que tuvieron con sus planes de boda por las restricciones del COVID-19. Aunque había solo 25 familiares presentes, la pareja irradiaba gozo y paz mientras intercambiaban sus votos, debido al amor que se tenían; y expresaron su gratitud por el amor de Dios. La imagen de los novios deleitándose el uno en el otro es la imagen que el profeta Isaías pintó para describir la clase de deleite y amor que Dios siente por su pueblo. En una descripción bella y poética de la liberación prometida por Dios, Isaías les recordó a sus lectores que la salvación que Dios les ofrecía reflejaba la realidad de vivir en un mundo roto: consuelo para los quebrantados, gozo para los que lloran y provisión para las necesidades de su pueblo ( Isaías 61:1-3 ). Dios ofreció ayudar a su pueblo porqu...

Cuando la angustia es grande

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Salmo 118:5-14 El Señor está conmigo; no temeré… (v. 6). Hace muchos años, una amiga me dijo lo atemorizada que se sintió al intentar cruzar la calle en una intersección de varios caminos. «Nunca había visto algo así. Estaba tan aterrada que esperé, subí a un autobús y le pregunté al conductor si me permitía pasar al otro lado de la calle. Me llevaría mucho tiempo antes de aprender a cruzar con éxito esa intersección; primero, como peatona, y más adelante, como conductora». Por más complicado que pueda ser un cruce vial, manejar las complejidades de la vida puede ser aún más amenazante. Aunque la situación específica del salmista en el Salmo 118 se desconoce, sabemos que era difícil y que requería oración: «Desde la angustia invoqué al Señor» (v. 5), exclamó el salmista. Y su confianza en Dios era inconfundible: «El Señor está conmigo; no temeré […]. El Señor está conmigo entre los que me ayudan» (vv. 6-7). Muchas veces, sentimos temor cuando tenemos que cambiar de trabajo, de escuela...

Si solo pudiera imaginar

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2 Corintios 5:1-10 … y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio (Eclesiastés 12:7). Me senté en la iglesia detrás de una mujer, cuando el grupo de alabanza empezó a tocar una canción llamada «Si solo pudiera imaginar». Adoramos allí, y cuando más tarde me contó sus luchas con la salud, decidimos orar juntas durante sus próximos tratamientos para el cáncer. Unos meses más tarde, Luisa me dijo que tenía miedo de morir. Oré por ella ahí en el hospital y luego entoné nuestra canción en voz baja. Si solo pudiera imaginar lo que habrá sido para Luisa adorar a Jesús cara a cara apenas unos días después. El apóstol Pablo ofreció una seguridad reconfortante para sus lectores que se enfrentaban a la muerte (2 Corintios 5:1). El sufrimiento experimentado de este lado de la eternidad puede causar gemidos, pero nuestra esperanza sigue anclada en nuestra morada celestial con Jesús (vv. 2-4). Aunque Dios nos diseñó para que anheláramos vivir para siempre con Él (v...

Bendición en las lágrimas

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Mateo 5:1-12 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación (v. 4). Recibí un email de un joven que explicaba que su padre (de tan solo 63 años) estaba muy grave en el hospital y su vida pendía de un hilo. Aunque no nos conocíamos, el trabajo de su papá y mi trabajo compartían muchas intersecciones. El hijo, en un intento de animar a su padre, me pidió que le enviara un mensaje de video para alentarlo. Profundamente conmovido, grabé un breve mensaje y una oración pidiendo sanidad. Me dijeron que el hombre miró el video y levantó el pulgar con entusiasmo. Tristemente, un par de días después, el hombre falleció. Había sostenido la mano de su esposa mientras daba su último aliento. Se me rompió el corazón. Semejante amor, semejante devastación. Sin embargo, es sorprendente escuchar que Jesús insiste en que precisamente los que lloran son los bienaventurados (Mateo 5:4). No está diciendo que el sufrimiento y la pena sean algo bueno, sino que la misericordia y la bondad...

Sustentador de bendiciones

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Deuteronomio 8:10-18 … acuérdate del Señor tu Dios… (v. 18). El 15 de enero de 1919, un enorme tanque de melaza explotó en Londres. Una ola de 4,5 metros de más de 7.5 millones de litros de melaza corrieron por las calles a casi 50 km/h, arrastrando vagones, edificios, personas y animales. La melaza puede parecer inocua, pero ese día fue mortal: 21 personas murieron y más de 150 resultaron heridas. A veces, aun las cosas buenas pueden turbarnos inesperadamente. Antes de que los israelitas entraran en la tierra que Dios les había prometido, Moisés le advirtió al pueblo que no se atribuyera las cosas buenas que había recibido: «no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, […] y se enorgullezca tu corazón, y te olvides del Señor tu Dios», sino que «[se acordara] del Señor [su] Dios, porque él [le] da el poder para hacer las riquezas» (Deuteronomio 8:12-14, 17-18). Todas las cosas bue...