El avivamiento llega

2 Crónicas 7:11-16

Si se humillare mi pueblo, […] entonces yo oiré desde los cielos (v. 14).

Aurukun es un pueblito en Australia occidental, con varios clanes aborígenes. Aunque el evangelio llegó ahí hace un siglo, el castigo de ojo por ojo a veces sigue presente. En 2015, las tensiones entre clanes crecieron, y cuando hubo un asesinato, la venganza requería que alguien de la familia del agresor muriera a cambio.


Pero sucedió algo notable. El pueblo de Aurukun empezó a orar y un avivamiento comenzó a envolver al pueblo. La familia del hombre asesinado perdonó al clan ofensor. Pronto, mil personas iban a la iglesia cada domingo, ¡en un pueblo de 1.300 habitantes!

En la Escritura, vemos avivamientos como este: en la época de Ezequías, cuando las multitudes volvían con gozo a Dios (2 Crónicas 30); y el día de Pentecostés, cuando miles se arrepintieron (Hechos 2:38-47). Aunque el avivamiento es obra de Dios y sucede a su tiempo, la historia muestra que la oración lo precede. «Si se humillare mi pueblo […] y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos» le dijo Dios a Salomón, «yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra» (2 Crónicas 7:14).

Tal como descubrió el pueblo de Aurukun, el avivamiento trae gozo y reconciliación a un pueblo. ¡Cómo necesitan nuestras ciudades una transformación así!

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