Perdido, hallado… goz
… Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido (v. 6).
«A veces, los anillos tienen nombres —explicó—, y me encanta ver la cara de los dueños cuando se los devuelvo. Lo publico en línea y me fijo si alguien contactó a objetos perdidos». Cuando mencionamos que a mí también me gusta detectar metales, pero que no lo hago con frecuencia, se despidió diciendo: «¡Nunca lo experimentarás a menos que vayas!».
En Lucas 15, encontramos otra clase de «búsqueda y rescate». A Jesús lo criticaban por su interés en personas alejadas de Dios (vv. 1-2). Él respondió con tres historias sobre cosas perdidas que fueron halladas: una oveja, una moneda y un hijo. El que encuentra la oveja «la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo» (vv. 5-6). Todas las historias se refieren al gozo que se produce cuando las personas son halladas por y para Cristo.
Jesús vino «a buscar y a salvar lo que se había perdido» (19:10), y nos llama a seguirlo al buscar con amor a personas para que regresen a Dios (ver Mateo 28:19). El gozo de ver a otros volverse a Él nos aguarda. Nunca lo experimentaremos a menos que vayamos.

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